De futuro singular a futuros en plural: los conos

¡¡Si llegaste a este artículo para entender qué es y cómo funciona el cono de futuro, desplázate hacia abajo!!

Parte de la tesis de Futuros Quebrados radica en la transformación del concepto de futuro, dado a lo largo del último tercio de siglo XX, y que impacta de pleno en la crisis cultural que vivimos hoy en día respecto a nuestro futuro, y, de nuevo, sobre el concepto o idea “futuro”.

Si pensamos en el futuro desde una lente “pop”, podemos pensar que hablar de futuros es como el que habla de Star Trek o alguna que otra movida nerd carente de trascendencia social. Pero si observamos el papel que tiene el futuro en nuestra mente colectiva, de nuestros tiempos, por no decir “cosmología contemporánea”, hablar de que dicho concepto está cambiando implica que otros paradigmas e ideas clave de nuestros tiempos están cambiando desde lo profundo.

El futuro significa y ha venido significando aquel espacio donde se sitúan nuestras utopías modernas y que, al menos antes de los años 70, anhelabamos alcanzar: deseos y sueños de progreso social, tecnológico y cultural culminados gracias al empeño humano. Por tanto, está ligadísimo con lo que a algunos académicos de lo cultural y social gusta llamar el “subconsciente colectivo”. Vaya, que se enlaza con temas muy profundos y muy variados.

Sobra decir a estas alturas que desde los años 60 y 70 el futuro se veía, incrementalmente, sino escépticamente pues de manera nihilista (ese “No future” punk que para algunos entendidos y culturetas “caracterizó toda una generación”, claro). Pero en ámbitos como la empresa, los gobiernos o el diseño, el futuro no fue un tema desechado, todo lo contrario. Desde esos años, las metodologías de pronóstico y anticipación estratégica han evolucionado bastante, parejas a medianos avances teóricos en el asunto y pequeñas transformaciones filosóficas. Pero para otro día dejaré las historias de este campo.

Nos quedaremos por el momento que una de las transformaciones más importantes que el concepto futuro sufrió en las últimas décadas no es tanto la visión nihilista (de eso ya había en menor grado hasta en el siglo XIX). Fue la ruptura con la visión lineal de la Historia.

No hablo de las teorías “post-Historia”. Hablo de la concepción de que nuestra existencia se tendía en un único plano o línea temporal, concebida como “Historia”, y que desembocaba en nuestro presente, proyectándose hacia un más o menos desconocido futuro, un lugar al que todos íbamos de manera irrevocable, de la que no podíamos escapar. Esta idea estaba emparentada con una visión judeocristiana de la inescapabilidad de un destino ya escrito previamente.

Gráficamente sería como lo que “Doc” de “Regreso al Futuro” dibujaba: una línea tiesa sobre una pizarra con un puntaco “Usted está aquí” en medio. Pasado a la izquierda, futuro a la derecha, como el que lee una oración. La ruptura de la que hablo, en cambio, es un pelín parecida a lo que a continuación dibuja Doc: una ramificación para abajo desde el pasado, como una metáfora visual de lo que podía ocurrir si se cambiaba algo de la Historia, con consecuencias en el futuro. Vale, pues ahora imagínate que a la ecuación le quitamos el “Que pasaría si”… Suena complicado, pero para ello tenemos los conos de futuro.

Fuente original del cono perdida por Internet, una de las mil versiones

LOS CONOS DE FUTURO

Los conos de futuro son una representación gráfica y una herramienta de trabajo muy utilizada, hoy en día, en el campo de la anticipación estratégica, así como en el diseño especulativo y el desarrollo avanzado de productos. Como representación gráfica, con sus diversas variantes, se basa en que (y aquí está la gran transformación paradigmática de la que hablaba) no existe un único futuro, un destino pre-escrito al que nos dirigimos como especie y de la que algunos tienen un opaco y divino deber de llevarnos. El futuro es un campo con múltiples ramificaciones, y por eso se está dejando de hablar del futuro en singular, para hablar de elloS en plural.

Taxonomía de futuros puesta sobre un cono más sencillo, con este podemos comenzar a entrar en la interpretación de este cambio de paradigma.
Fuente: Raby & Dunne, 2013, a su vez, inspirado en el trabajo de Stuart Candy

 

En el ángulo del cono se sitúa el presente, y se proyecta, abriéndose, hacia el futuro (de nuevo, hacia la derecha, para entedernos). En este cono se representa toda una franja de futuros probables, otra de plausibles, otra de posibles, otra de deseables o preferibles.

  • Futuros probables: son aquellos en los que las tendencias y los cálculos estadísticos, así como las tendencias emergentes y macrotendencias apuntan a qué podría ser. Cuantitativamente (si es que se puede) son poquísimos. Dadas las condiciones económicas, la instalación de IAs en ámbitos del trabajo sería un futuro probable, por ejemplo
  • Plausibles: son futuros que por motivos sociales, políticos o económicos son menos probables de suceder, pero cuyo conocimiento ya lo tenemos como para poder aplicarlo y desarrollar así nuevas tecnologías, nuevas posibilidades políticas u organizaciones sociales. Por ejemplo, un futuro plausible (que va moviéndose a probable tímidamente) sería un cambio a modelos más colaborativos (a nivel de governanza), casi procomunes
  • Posibles: que no serían no-familiares de  que sucediesen, pero que para ser realizables necesitarían un cambio muy drástico o la obtención de conocimiento nuevo para desarrollarlos
  • Deseables o preferibles: son aquellos futuros que, tanto probables, posibles o plausibles, son deseados por algún colectivo, ya sea un gran grueso de la humanidad, ya sea una élite (es aquello de “utopía de unos, distopía de otros”). Esta franja es reveladora porque, aunque sea cualitativa, implica que mucho deseo y sobre todo energías pueden estar puestas en esta dirección
  • Improbables, alienígenas, “Dimensión desconocida”: esta es mi zona personalmente favorita, y es aquella que, dados nuestros conocimientos e imaginarios, nos son imposibles de visualizar e imaginar. Pueden ser materia por ejemplo de creación fantástica, de la ciencia-ficción más bizarra e innovadora, del diseño especulativo y crítico, del terror cósmico lovecraftiano, y sobre todo de la filosofía contemporánea

Existen una diversidad de propuestas. La que ahora presentaba está obsoleta porque, por ejemplo, disocia los futuros deseables del resto, y es bidimensional (todo sobre un plano, mientras que la realidad es más impredecible). Algunas propuestas sitúan el vértice desde un solo punto, entendiendo que el cono está visto desde el punto de vista de quien lo está trabajando (la diseñadora, el futurista, la empresa…). Otros optan por comenzar el cono desde un corte transversal, entendiendo que el futuro es algo colectivo, es la mirada de muchos.

Como me gustaría tratar esta herramienta más adelante, dejaré para otro momento las aplicaciones y metodologías en las que se emplean. Aquí la idea es, a través de esta representación actual (casi repetitiva y sobada en los mundillos de la anticipación profesional) explicar el tipo de cambio más importante que ha habido en las últimas décadas sobre el concepto “futuro”: no tenemos delante de nosotros un único camino al que tenemos el deber y la inevitabilidad de ir hacia su destino, sino que ante nosotros se presentan, con cierta incertidumbre, diversos caminos cuya efectibilidad depende de diversos factores, incluyendo la energía política, social y tecnológica que le pongamos colectivamente, así como factores exógenos que no tenemos mucha injerencia. Los futuros, para que se realicen en un presente, dependen de todas y todos.

 

ORÍGENES (o un poco más de explicación) MODO BREVE

Una de las primeras referencias que aparecen son atribuidas por un lado al futurista Joseph Voros (2001-2003), el cual lo ha ido trabajando sin parar desde entonces. En el mundo del diseño especulativo, Stuart Candy (asociado a diversas instituciones norteamericanas de primer orden en el mundillo de los labs y el diseño, como el Situation Lab) es otra de las referencias más aplicadas. Sin embargo, el primero tiene un fantástico artículo en el que explica sus orígenes, y las primeras representaciones gráficas de éste se remontan a los 90 (C. Taylor).

Básicamente, por resumir mucho, se fundamenta en dos transformaciones culturales importantes. La primera procede del mundo de la física teórica, vinculada al relativismo. Existe una representación teórica en el tiempo y el espacio del recorrido de la luz emanada de un evento cósmico, conoido como “diagrama del cono de luz”. El punto de vista del observador, otro de esos temas de los que la física y la filosofía siguen investigando contínuamente (si afecta la percepción en la observación, etcétera), situado en el presente, es el centro de los vértices del pasado y del futuro, punto de conexión. Parece remontarse a los años 60 (p.e. Relativity and Common Sense, de H. Bondi, 1964).

Cono de luz en “Relativity and Common Sense”. H. Bondi, 1964

La segunda transformación cultural de la que procede es la de la asunción de la incertidumbre, ante cualquier evento dado es incierto el resultado y las implicaciones. Dentro del campo de la ciencia y de la consultoría estratégica se ha hablado cada vez más y más de que vivimos en tiempos posnormales (Z. Sardar), dónde se condensan especialmente los “cisnes negros, las improbabilidades realizadas en el presente como de imprevisto, más que en otras épocas.

Procede incluso de la sencilla contemplación de que la Historia, en realidad, tuvo múltiples caminos (tecnológicos, sociales, etcétera) que fueron mutados, abandonados y otras posibilidades se convirtieron, en su época, en sus presentes. Por decirlo de otro modo lo más sencillo posible, hoy en día existen múltiples frentes abiertos, y es por ello que se abren diversas posibilidades. Quizá en esto tuvo que ver la frustración de ver ciertas utopías incompletas (la desilusión tras las revoluciones del 1968, la apatía tras la caída del muro de Berlin…), y del desarrollo del pensamiento sistémico o complejo en campos como la política o las ciencias sociales, de nuevo.

Resumiendo, los conos de futuros son una representación gráfica de nuestra concepción del devenir, así como una herramienta estupenda para captar que no vivimos en un escenario dado por unos elaboradores en la sombra, o una fuerza cósmica, sino que tenemos una posibilidad de alterar lo que podría ser en unos años.

 

Fuentes accesibles para rebuscar:

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Introduciéndonos en la “futurología” del siglo XXI

En la actualidad, y en España como en otros muchos países, nos genera de todo menos indiferencia las proclamas del futuro que los grandes gurúes en tecnología y economía lanzan con bastante frecuencia. Ya sea que nos capturan la imaginación y la esperanza, ya sea que saca nuestros peores temores. Futurología es un término que igualmente está cargado tanto de cierto misticismo o misterio, así como de connotaciones negativas: se vincula o confunde con el ejercicio de los tiradores de cartas y los que practican las llamadas ciencias ocultas. Pero ¿en qué consiste esto de la futurología?

La futurología, que a partir de aquí dejaremos de llamarla así por motivos ya obvios, sino como “estudios de futuros” (porque tal cambio de nomenclatura lleva haciéndose desde hace unos años en EEUU y Reino Unido (Futures Studies))) es un campo profesional bastante más complejo, pero no requiere que sus profesionales tengan dotes psíquicas especiales, ni de una musa de la inspiración que les asista.

Uno de los grandes referentes de este campo, Richard Slaughter, por allá los noventa distinguía entre cuatro tipos de profundidad en el pensamiento futurista (o en el futures thinking, de manera análoga al “design thinking” o al “strategic thinking/pensamiento estratégico”).

Futurismo pop

Forward Woman Artificial Intelligence Robot
Forward Woman Artificial Intelligence Robot

Es el nivel más superficial de futures thinking, y es todo aquello que va desde el puro cuñadismo hasta el límite de cierta obviedad hacia dónde se dirigen las grandes tendencias, sobre todo tecnológicas (pues estamos en un momento muy tecnodeterminista, lo cual en el fondo es un enfoque vago). Cosas como que en el futuro estaremos aun más conectados, los bots y las IAs irán sustituyéndonos en tareas de trabajo o que veremos poco a poco más coches automatizados, es decir, que inundan los grandes medios y las redes sociales en forma de contenidos son formas de futurismo pop. Aunque de esto hablaré en un posterior artículo sobre las expresiones que a continuación utilizaré, estos futuros-pop suelen andar más en el ámbito de los futuros deseables (en muchas ocasiones para grandes corporaciones) y futuros plausibles, no necesariamente del todo probables.

 

Trabajo de futuros orientado a resolver problemas (Problem-oriented futures work)

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Es una versión un poco más trabajada respecto al anterior, pero es la que suele recaer en el mundo empresarial. Son metodologías que ante todo buscan ser ágiles (o simplemente rápidas) para dar respuesta al desarrollo de estrategias, nuevos productos o incluso nuevos modelos de negocio para empresas y grandes organizaciones. Suele estar enfocada a cómo estas organizaciones y la sociedad podría o debería actuar frente a futuros y cercanos eventos y fenómenos de diversos tipos (económicos, tecnológicos…).

Operan desde el estudio de las grandes tendencias que siguen impulsando cambios, y de las tendencias que están emergiendo y creciendo, estudiándolas, analizándolas y trazando posibles escenarios a corto y medio plazo. Es lo que en inglés, porque tienen palabras ya para estas cosas, se conoce como forecasting, así como desde la profesión del análisis de tendencias.

 

Estudios de futuros críticos

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Este es uno de los niveles más complejos de los estudios de futuros. Como indica su nombre, son críticos (entran en práctica métodos de ciencias sociales y humanas, más allá de los métodos que puedan venir del marketing o de las económicas) para indagar y entender cómo y porqué se generan ciertas tendencias, o las problemáticas actuales, y detectar asunciones no cuestionadas, para así ampliar el rango de comprensión y de perspectiva de hacia dónde viran esos cambios.

En los últimos años muchas empresas que ya tenían alguna familiaridad con la “futurología” están optando por este tipo de profundidad, en tanto que estamos aceptando una serie de cuestiones vinculadas a la incertidumbre del presente y del futuro.

 

Estudios de futuros epistemológicos

Este es el nivel más académico de los estudios de futuros, y son aquellos que cuestionan hasta la propia naturaleza del futuro desde diversos ángulos (la física, pero sobre todo la cultura y la sociología), el futuro desde la perspectiva histórica y el impacto de los deseos sociales en su rumbo. Este nivel aparentemente no es atractivo para las empresas, pero sí lo es tanto para los profesionales de este campo, así como para académicos e investigadores, e incluso diseñadores que trabajan con sistemas complejos. Es decir, para especialistas varios.

 

Scott Smith de Changeist, en cambio, reduce la distinción (Internet Age Media Weekend, 2016) a:

  • Future-technic: aquel que tiene una titulación universitaria o técnica en estudios de futuro/futurología, desde másteres hasta incluso PhDs, donde se enseña una metodología, una estructura de trabajo bastante transdisciplinar y compleja. Los sitios donde se ofrecen pueden estar contados con los dedos de las manos (en Malta y Finlandia hacen unos muy interesantes), y en España, por ejemplo, lo más parecido pero que no entraría en esta categoría serían los estudios en análisis de tendencias. En IED Barcelona, cada verano, hacen un MUY recomendable curso, liderado justamente por Scott Smith y su equipazo, en innovación y futuros. Su metodología es alucinante (no se nota nada que me fascina esta gente, disculpad este puntazo personal, pero si alguna lectora andaba buscando esta información, es todo lo que sé hasta ahora)
  • Future-practic: aquella persona que por su perfil profesional toca tangencialmente estudios de futuro, ya sea que trabajan en estrategia empresarial, diseño avanzado o innovación y practican algunas de las metodologías que se usan en los estudios de futuro, y ocasionalmente se enfocan a hacer algo de prospectiva
  • Future-phillics: gente que está simplemente interesada en el futuro, y/o se fascinan por lo que él llama “estéticas del futuro” -todo lo que huele a futurista-, y no distinguen necesariamente entre futuros propuestos por una marca vs un análisis en profundidad con sus implicaciones en el futuro. Suena quizá elitista, pero estamos hablando de niveles de profesionales. Esto sería como comparar entre sociólogos profesionales y titulados vs gente simplemente apasionada por los cambios en la sociedad
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Captura de pantalla del video de su conferencia en Internet Age Media Weekend 2016 (si clicas podrás verlo)

¿Qué hace una o un futurólogo?

Hecha esta introducción sobre los diferentes niveles de los estudios de futuro, relacionados con el nivel de profundidad del trabajo, uno se puede preguntar en qué consiste pues el trabajo de un “futurólogo” profesional. Y se debe decir que no todos los profesionales lo hacen a tiempo completo, por eso (compaginan con consultores, diseñadores…), pero en muchas ocasiones no suelen ser los famosos gurúes de la tecnología.

Lo que suelen hacer los gurúes de la tecnología es, por un lado, expresar lo que desde su intuición estratégica y su experiencia profesional observan y analizan. Por otro lado, no es casualidad que, estando ligados a una marca tecnológica, en estos futuros tan tecno-céntricos además alguno de sus productos suelan tener un papel importante para su desarrollo.

Y no es que vayan a desacertar, pero juega un papel muy importante la influencia psicológica que puede generar una personalidad internacional en estas mentes. Algo así como una fuerza cultural desde la autoridad.

Esto es como en la moda: si alguien de la talla de Karl Lagerfeld dice que para el verano de 2018 se llevarán los plásticos tornasolados aplicados en la ropa, muchos otros diseñadores responderán ante esta “alt-anticipación” creando diseños con plásticos tornasolados, y otros buscarán crear contratendencia para diferenciarse. Esto es lo que se conoce como profecía autocumplida.

 

¿En qué  consiste el trabajo de un futurista, investigador del futuro, o futurólogo profesional?

Startup Stock Photos
Startup Stock Photos

Joseph Volos (2001) propuso un marco de trabajo que más o menos recogía el trabajo usual de estos profesionales. Algo así como para sistematizarlo y normalizarlo un poco más, porque en la realidad es un campo muy dado a la experimentación.

  1. Recogida Inputs, o escaneo del estado del arte. Es el momento en que se investiga de manera ligeramente superficial aquellas transformaciones, situaciones, problemáticas, sobre un entorno o espacio más o menos estratégico, vinculado con el objetivo del proyecto. Se aplican herramientas como el escaneo de tendencias, prácticas etnográficas. En la actualidad esto se hace de manera más abierta al caos -una larga historia para tratar en otra ocasión
  2. Trabajo de prospectiva. Recogidos los datos, se pasa a su análisis, su interpretación (conectar puntos, encontrar conexiones…), y prospección (se lanzan ejercicios como los quizá más conocidos “escenarios de futuro”).
  3. Outputs o conclusiones que se transmiten al cliente (la empresa, la institución que lo haya encargado) con cierto trabajo también de asesoramiento, consultoría y seguimiento
  4. Aplicación estratégica de los resultados

Hoy en día está en contínua evolución esta práctica y sigue acogiendo prácticas algo heterogéneas. Lo esencial es aquí entender que la visión de conjunto y de sistemas, u holística

Están cada vez más en boga métodos y miradas del diseño que ponen énfasis en la participación de otras personas vinculadas con los objetivos o el problema que se desea encontrar solución (lo que hoy conocemos como métodos de co-creación), por ejemplo, así como nuevas miradas críticas a la propia naturaleza del futuro. Que de eso trataré largo y tendido por aquí, en Futuros Quebrados

 

¿Cuáles son las premisas más importantes de los estudios de futuros, o futurología, en la actualidad?

Próximamente hablaremos del Cono de futuros
Próximamente hablaremos del Cono de futuros. Fuente concreta del gráfico desconocida…

Aunque en el imaginario popular queda la idea que el trabajo de un futurista, futurólogo o investigador del futuro es el de “adivinar” con la máxima precisión posible cómo será el futuro. Esto en parte tiene su sentido, pues deseamos como humanos obtener la mayor certidumbre de que estaremos seguros y que podremos anticiparnos a lo que vendrá.

Además, décadas atrás esta tarea podía estar enfocado hacia la predicción mediante metodologías ultra-estadísticas y matemáticas, mientras que hoy en día estas metodologías se consideran totalmente obsoletas (exceptuando en los entornos del Big Data, donde aquella creencia de que todo puede ser medible y calculable mediante lo numérico ha tenido su revival).

Esto se debe, sobre todo, a uno de los cambios de paradigma sobre el futuro más importantes a finales del siglo XX: el futuro no es un destino inevitable, ya escrito de antemano por alguna voluntad divina, sino que es una consecuencia de las acciones del presente, un producto que se construye a cada momento y sólo se puede prever una pequeña parte. Esto se debe, en gran parte, a la revisión y desencanto sobre los futuros obsoletos (paleofuturos) cuyas promesas no se vieron realizadas.

Las premisas más importantes desde las que se parte, hoy en día, suelen ser:

  • No existe UN futuro, sino diversas posibilidades y probabilidades: derivado de lo anterior, no existe un destino inevitbable sino que el futuro se entiende como un espacio que se va construyendo con nuestras acciones e inacciones, así como factores sobre los que tenemos apenas dominio. Además, no existirá como consecuencia un único futuro (exceptuando hasta que se haga presente), sino que ante nosotros tenemos diversas probabilidades y posibilidades. Por lo tanto, y por este motivo, ya no se habla de futuro en singular, sino de futuroS.
  • El futuro no está predeterminado (Voros, 2001, de Amara, 1981): en tanto que el propio funcionamiento del Universo, sus leyes, son indeterminados (no sabemos aun, a ciencia cierta, como funciona exactamente, en parte porque es muy complejo), lo mismo es aplicable a cuando ponemos la mirada sobre las sociedades humanas. Porque además de estar sometidas a las mismas leyes físicas y al entorno, tampoco es fácil describir el funcionamiento de la sociedad a la perfección. Por este motivo, es “infumable” tratar de predecir algo. Más aun en una época que es especialmente variable e incierta, el siglo XXI.
  • El futuro no es predecible (Voros, 2001, de Amara, 1981): se deriva en parte del punto anterior. Pero si fuera determinado ya todo el mundo, igualmente estaríamos hablando de muchísimas variables a tratar para predecir a la perfección el escenario futuro
  • Los resultados del futuro pueden ser influenciados por nuestras elecciones en el presente (Voros, 2001, de Amara, 1981): es un poco redundante repetir esto, pero esencialmente, esto implica que además los futuros no son espectáculos ni productos que debemos esperar como consumidores pasivos, sino que hasta con nuestra inacción, nuestras decisiones, nuestra inversión de esfuerzo o dinero, hacemos que algunas posibilidades puedan ser más probables

Cerrando…

Las profesiones vinculadas a los estudios de futuro y la evolución que en las últimas tres décadas ha visto, alejadas de los que podríamos llamar “futuristas pop”, pueden ayudarnos a reflexionar sobre el presente en el que vivimos y sobre todo, acerca de las grandes afirmaciones en nombre de grandes tecnólogos que confiamos en ellas de buenas a primeras.

Tú, yo y entre todos estamos creando el futuro.

 

Para leer más -todo en inglés, nada crítico y avanzado en español (si sabes de alguna web o libro en español que trate estos temas, coméntalo y lo revisaré encantada, muchas gracias de antemano!)